Título: Historias de Manhattan

Autor: Louis Auchincloss

Editorial: Elba, marzo 2014


Cuentan los viejos y los locos –razón por la que doy crédito a la leyenda– que hubo un tiempo glorioso en el que para despuntar en esto de las letras no se requerían del interesado singulares perversiones. Uno bien podía alcanzar el éxito literario sin tener que granjearse antes una marca personal de enfant terrible –esa apostilla inevitable para los escritores malditos de hoy–, esnifar kilómetros de cocaína en sórdidos garitos o disfrazarse de alpinista viudo. El del nunca suficientemente celebrado Louis Auchincloss es un ejemplo digno de encomio pues, como apunta Ignacio Peyró en el sensacional prólogo que incoa su traducción de estas “Historias de Manhattan”, para ser un escritor de calidad, Louis Auchincloss tuvo que superar no pocos reveses: una familia rica y feliz, unos padres adorables, una educación aún más cosmopolita y —más tarde— una vida adulta de hombre acomodado, siempre marcado por una crianza a medio camino entre las exigencias éticas del sentido del deber y el pudor de unir las buenas maneras a la bondad del corazón. Son las formas del noblesse oblige.

Es dolencia compartida en los países latinos el rechazar sin miramientos la literatura liviana, carente en apariencia de moralejas revolucionarias, libertinas o reaccionarias; el relato simple y libérrimamente estético, sin florituras ni ceremonia, aristocrático, de sobria formalidad clásica, no se entiende en esta tierra bañada en sangre durante tantos siglos, donde el único sino es combatir y la vulgaridad se bate en duelo con el honor, que es lo único que nos salva. La prosa de Auchincloss –ignota para el gran público nacional hasta el acertado lanzamiento de El rector de Justin– se exhibe descaradamente festiva, dejando entrever un amor loco por la vida buena y, además, trae entre líneas un manual de estilo de enorme valor para los pregoneros del Apocalipsis; sus fogonazos de realismo despiertan en el lector una sana envidia por cómo escribe y por cómo vive Louis Aucnincloss.

VISTA NUEVA YORK 1910Historias de Manhattan, editado con esmero por Elba, contiene un puñado de anécdotas elocuentes de la upper class neoyorquina de principios del siglo XX.: abogados, brokers, jóvenes casamenteras, tahúres, cazafortunas, severos patriotas y ricas herederas protagonizan el texto que nos ocupa y circundaron al autor en vida.  Fue ésta la de un burgués atípico que consiguió compaginar una prestigiosa carrera como abogado en Wall Street con la producción casi industrial de cuidadísimas novelas cultas; y un plausible desempeño como esposo y padre devoto con una participación frenética en la sociedad civil de Nueva York. Quizás precisamente por tener asegurado el plato de lentejas, el escritor norteamericano huye de las poses y se limita a describir la realidad con precisión de orfebre; tan costumbrista como Delibes pero en las antípodas del tremendismo del que éste, Laforet o Cela fueron prebostes.

Al cerrar Historias de Manhattan, uno se da cuenta de que hay una prodigiosa seriedad en el fondo de los relatos de Auchincloss, y también un sentido moral caballeresco, un resabio de las viejas virtudes humanas escondido bajo el manto de las paradojas entre las que se debate la clase privilegiada a la que el autor pertenece. La prosa burguesa de Auchincloss es un chisporreante canto a la vida que sabe a Dry Martini. Se cumple en la existencia de este contador de historias con alma de hedonista chic la eterna aspiración de todo juntaletras: escribir para uno mismo y que los pianistas de todos los clubs de Nueva York te conozcan por tu nombre. Louis Auchincloss entendió que sólo puede escribir como un gentleman el que está acostumbrado a comportarse como tal en la mesa y en la vida. Y en los menesteres de la elegancia, el neoyorquino era autoridad. Tal vez sea esta la razón por la cual Auchincloss no vio la necesidad de descerrajarse un tiro frente al espejo para consagrarse como un autor clásico. Su provocación postrera fue envejecer plácidamente en su casa de verano de Bar Harbor. Además, todo el mundo sabe que la sangre sale fatal de los trajes de tweed.

Louis Auchincloss (Nueva York, 1917-2010) perteneció a la clase privilegiada sobre la que escribe, y fue alumno de las mejores escuelas del país, primero en Groton y luego en la Universidad de Yale. Salvo en los años en los que sirvió en la Marina durante la Segunda Guerra Mundial, compaginó siempre su labor de abogado con la de escritor. Auchincloss, considerado un clásico moderno de la novela y el relato de costumbres, ha sido calificado como uno de los grandes por escritores de la talla de Gore Vidal.

Autor de más de treinta novelas, varios libros de relatos y de biografías de personajes como Henry James, Edith Wharton o Theodore Roosevelt, Auchincloss fue miembro y presidente de la American Academy of Arts and Letters y del Museo de Nueva York.

*Publicado por la Editorial Elba, marzo 2014.

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