Título: El franquismo y los intelectuales

Autor: Antonio Martín Puerta

Editorial: Ediciones Encuentro, 2014


La época que hemos tratado, habitualmente identificada con el llamado nacionalcatolicismo, sigue siendo un espacio histórico invadido por los tópicos, por las verdades a medias y por los juicios ideologizados. Así reza el comienzo del epílogo, a modo de declaración de intenciones, de El franquismo y los intelectuales, del profesor Antonio Martín Puerta, un trabajo de investigación espléndidamente documentado que pone a disposición de los lectores la editorial Encuentro. Tan audaz propósito merece, francamente, el mayor de los reconocimientos, pues abordar la cultura en el franquismo exige la adopción de un espíritu desapasionado y científico a la altura de muy pocos estudiosos. En este país donde las heridas de la guerra aún supuran, no abundan los creadores que, al margen de la cultura dominante, de los lugares comunes o de la tradición política, acuden a las fuentes para proveer de información veraz a las nuevas hornadas de lectores.

Vaya por delante que el título del que se ocupa esta reseña es un libro de historia que cubre con notable rigor las dos primeras décadas del gobierno de Franco; el período generalmente referido como nacionalcatolicismo. Dos décadas (1939-1959) en las que los carlistas, la Falange, el Ejército y la Iglesia, esto es, las cuatro fuerzas constitutivas, pugnaban por capitanear el risorgimento de una España levantada ex nihilo. Es decir, no sería justo soslayar la habilidad y la precisión con que el autor dibuja los pasajes puramente históricos –que los hay–: sus descripciones de la arcadia republicana, de los exiliados de fuera y de dentro, que no fueron tantos y en ningún caso los más brillantes, la censura, la universidad, los libros, la prensa… En puridad, un lienzo impresionista a la vista del cual el lector se hace fidedigno cargo de cuales fueron el sentir y las tendencias culturales de aquellos días.

AUDIENCIA FRANQUISMODigno de atención especialísima es, a mi parecer, el estudio introductorio que incoa la obra: Reflexiones previas: ¿Quiénes son los intelectuales? ¿Qué abarca el nacionalcatolicismo? Se trata de un estudio sesudo y crítico sobre la figura del intelectual genuflexo, tan antigua como irreductible, y de las raíces ideológicas del que tal vez sea el sistema socio-político al que menos tinta han dedicado los historiadores: el nacionalcatolicismo. Se esfuerza el profesor Marín en deslindar dicho sistema de ideas a fuerza de remarcar lo que le diferencia de sus primos no tan hermanos: el fascismo y el nacismo. El preponderante papel desempeñado por la jerarquía eclesiástica así como la ausencia de un partido único verdaderamente político determinan, a juicio del autor, las peculiaridades del régimen de Franco, mal llamado franquismo por quienes se empeñan en acentuar los personalismos de dicho régimen autoritario.

Creo estar en lo cierto cuando afirmo que la motivación principal del profesor Marín Puerta al redactar este valiosísimo escrito no fue otra que la de unirse al filósofo Julián Marías y a muchos otros en la reivindicación de todo lo bueno que se produjo durante aquella época, a la que a menudo nos referimos como el erial cultural del siglo XX. Tal aseveración implica menospreciar el trabajo literario, musical, científico, artístico, creativo al fin, de una interminable lista de señeros talentos, a los que sólo mencionar llevaría cientos de páginas. Para ilustrar lo dicho, nada nos asiste mejor que las palabras del propio Marías, recurrentemente citado por el autor del libro: Mi adscripción a la República fue clara y permanente, hasta el final, a pesar de los innumerables descontentos. Pero ya no había guerra. Y el bando vencido, salvo pocas excepciones, me parecía lamentable. Y valorando el estado de la cultura sentencia: La mayoría de la gente estaba encantada con las restricciones de la libertad, muchos intelectuales estaban identificados con el régimen o a su servicio, cantaban con entusiasmo sus glorias y méritos –mi memoria es buena pero no quiero ejercerla demasiado– (…). La mayoría de los cultivadores de esos menesteres formaban en las filas del régimen y gozaban de su favor.

ESTATUA CAMILO JOSE CELANo yerraba el sabio Marías al recordar la mutación ideológica de muchos autoproclamados intelectuales a la llegada de la diosa Democracia. Algunos llegaron incluso a aparecer en la nómina de censores del régimen, siendo sorprendentes los casos de Camilo José Cela –entre los censores más activos y exigentes–, Leopoldo Panero –patriarca de la saga–, Martín de Riquer, Emilio Romero o Ricardo de la Cierva. Y en no pocas ocasiones los destinatarios de la cirujía que ellos aplicaban fueron falangistas ilustres como Agustín de Foxá o Rafael García Serrano, e incluso algún que otro religioso, cuyos libros figuraban en el Index Librorum Prohibitorum como peligrosos. Da la sensación, en resumen, de que la censura fue, durante aquellos años, pretendidamente ineficaz y ni tan boba ni tan mojigata como nos han hecho creer. De hecho, a veces fascina la ironía curtida y socarrona  que aflora en según qué valoraciones censoras, como, por ejemplo, en esta referida a una obra del sencillo narrador del far west Marcial Lafuente Estefanía: Esta novela es exactamente igual a todas las del mismo autor. Dos pistoleros, buenos chicos, que van matando gente, en este caso pasan de cuarenta, según va avanzando la novela. Al final, cuando ya no queda casi nadie, se termina. Por ello, la frase “te mataré” en esta obra aparece cerca de cien veces. Indiferente. Jóvenes.

Invito honradamente a quien esté leyendo estas líneas a abordar con ilusión la lectura de este sensacional trabajo de investigación publicado por Encuentro. Servirá sin duda alguna para derribar abundantes y engreídos mitos guerracivilistas y para caer en la cuenta de lo que ya dejó escrito Cela: En tiempos del general Franco Bahamonde fueron legión quienes aseguraban estar amordazados por la censura, pero la desaparición del general y de las suertes censorias todavía no ha logrado, a lo que parece, que salgan a la pública luz esos prometidos y aherrojados talentos. Pueden estar seguros de que en el libro de Antonio Martín Puerta encontrarán una exhibición de talento histórico y literario. Animo a leer.

*Publicado por Ediciones Encuentro, 2014.

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