Título: La revolución del arte moderno

Autor: Hans Sedlmayr

Editorial: Acantilado, 2008


Cuando uno tiene la suerte de asistir a una buena exposición centrada en piezas de arte moderno puede surgirle la duda, ya al final del recorrido, de si la hora y media invertida ha sido de verdad artística o más bien otra cosa. Para mucha gente el arte moderno es un fenómeno totalmente hermético y, quizás por esa misma razón, de muy difícil acceso. La expresión “eso no es arte” se oye con bastante asiduidad. La percepción vendría a ser como si en un determinado momento un grupo de pintores, escultores y artistas varios hubiesen decidido prescindir de los esquemas milenarios, dinamitando así el gusto y el buen criterio del consumidor cultural.

A lo largo de este fantástico estudio titulado La revolución del arte moderno* el historiador austriaco Hans Sedlmayr se adentra en las metas e ideas, tanto estéticas como intelectuales, que provocaron la génesis de lo que hoy entendemos como arte moderno. Su metodología obedece a la premisa de que “el conocimiento de la historia del arte moderno depende del conocimiento de su esencia” y con ellas parte a la búsqueda de los presupuestos básicos que han configurado la mayor revolución artística desde el neolítico.

Los protagonistas principales de la obra de Sedlmayr aparecen de manera entrelazada y en rápida sucesión. De los postulados de Adolf Loos y Le Corbusier pasamos al cubismo de Picasso y a la geometría de Piet Mondrian. Poetas como Valéry y Mallarmé o surrealistas como Salvador Dalí también hacen su aparición. Ellos hacen cierta aquella máxima de Guillaume Apollinaire: “durante muchísimo tiempo adoramos al hombre, a los animales, a las plantas y a las estrellas; es hora ya de demostrar que nosotros somos los amos”.

Se trata de un libro de lectura relativamente difícil. El autor presupone el conocimiento de la época y de los personajes, por lo que su análisis se centra en planteamientos filosóficos y estéticos. No obstante, este pequeño obstáculo no impide que un lector lego en la materia llegue a adquirir una comprensión bastante ecléctica de las revoluciones artísticas de la primera mitad del siglo XX. Eso posibilitará el entender por qué se llegan a pagar auténticas fortunas por un cuadro compuesto de líneas y dos manchas de colores, o por qué hay gente capaz de ir a un concierto a escuchar 4’33 minutos de pleno silencio pianístico.

Hans Sedlmayr (Hornstein, 1896-Salzburgo, 1984) estudió arquitectura e historia del arte, disciplina en la que se doctoró. Fue catedrático de la Escuela Técnica Superior de Viena (1934) y de la Universidad de esa misma ciudad (1936) y continuó su carrera docente como profesor de historia del arte en las Universidades de Múnich y Salzburgo.

*Publicado por Editorial Acantilado, 2008

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