PODEMOSFOBIA

Autor: Andrés Casas//


Hablar y escribir sobre PODEMOS es, sin lugar a dudas, hablar y escribir sobre el fenómeno político de moda en nuestro país. No solamente eso, sino que es probablemente hablar sobre el fenómeno político más sorprendente e innovador que ha vivido España durante los tiempos de su joven democracia. No hace más de medio año que un joven partido político dio la sorpresa en nuestro país en las últimas elecciones europeas. Una plataforma con apenas cuatro meses de existencia, obtenía más de 1.200.000 votos y se hacía con 5 de los 54 escaños que según los tratados corresponden a representantes españoles en el Parlamento Europeo. Una formación política, dirigida por un profesor universitario y tertuliano habitual de platós de televisión, se convertía en cuatro meses en la cuarta fuerza política del país, y en algunas comunidades autónomas (como en Madrid), era el tercer partido más votado.

Mucho se ha hablado sobre PODEMOS desde entonces, y los debates entre sus partidarios y detractores han ocupado la práctica totalidad de la actualidad española durante el último medio año, teniendo un reflejo creciente no solamente en los medios de comunicación sino también en las redes sociales (espacio en el que la innovadora técnica del partido de Pablo Iglesias les ha convertido en referencia indiscutible) y también en las conversaciones de trabajo o de cafetería de la población en general. Desde entonces, el apoyo declarado o estimado en las encuestas no ha dejado de aumentar hasta el punto en que algunos le sitúan como ganador si ahora se celebrasen unas hipotéticas elecciones en nuestro país.

Si los partidarios son entusiastas, los detractores no lo son menos. La formación que dirige Pablo Iglesias, así como él y otros miembros destacados de su partido han sido objeto de numerables acusaciones, insidias y declaraciones que rozan el insulto y la calumnia: se ha dicho que Iglesias defraudaba a Hacienda y la Seguridad Social desde su productora televisiva, se les ha acusado de cobrar de gobiernos extranjeros (en especial, de Venezuela), se les ha acusado de connivencia y complicidad con el grupo terrorista ETA, se ha dicho que pretendían instaurar una dictadura bolivariana en España… así hasta los últimos casos: los relativos a la beca de investigación obtenida por Iñigo Errejón, uno de los máximos dirigentes del partido, y la no inclusión de las retribuciones televisivas de Pablo Iglesias con anterioridad a la obtención del escaño en la declaración de ingresos que tienen que presentar todos los eurodiputados. Todas estas cuestiones, más otras más imposibles de enumerar (entre las que la acusación de populismo no es de las menores tampoco), me han hecho acuñar un término, que es el que da título al artículo, para describir una cierta actitud generalizada en ciertos sectores: la «PODEMOSFOBIA». Sin embargo, muy poco se conoce realmente del núcleo ideológico de PODEMOS, más allá de un mensaje que ha calado, el de ser «los enemigos de la casta». ¿Y qué significa exactamente eso? Pues la idea, realmente, no es fácil de explicar y aquí solamente puedo ofrecer una pincelada de brocha muy gruesa.

Juntando las viejas tesis de las élites políticas y de poder (Mosca, Wright Mills) con la concepción de los partidos políticos como partidos cartel (Katz y Mair) llegamos sin mucho esfuerzo a la noción de “casta”. PODEMOS no ha inventado la pólvora, es cierto. Pero ha popularizado su utilización y ha conseguido construir mosquetes en masa y que no yerran el tiro. Y he aquí el gran “crimen” de Pablo Iglesias y su gente: han hecho entendible a la gente la miseria del sistema político en que viven y han sacado muchos votos con ello. Y eso es algo que las élites y los partidos que cartelizan el sistema no pueden perdonar.

Todo eso, por supuesto, debe ser matizado y desarrollado con mucho mayor detalle, separando el grano (contenido ideológico y programático real) de la paja (discurso de cara a la galería), y siendo complementado con el pensamiento de otros autores de diversos ámbitos y de los que los propios líderes de PODEMOS se consideran seguidores, lo afirmen expresamente o no. Esa tarea está aún por hacer. Realmente, hasta ahora, prácticamente todo lo que existe es propaganda, ya sea desde los partidarios de la formación, ya sea desde las filas de la «PODEMOSFOBIA», una línea de oposición (y hasta de odio) de lo más transversal y donde no se encuentran solamente políticos y medios de lo que podría llamarse «derecha», sino también un sinfín de personajes relevantes en la izquierda política y social española.

Solamente el tiempo nos aclarará que va a suceder. Por el momento, lo único que parece claro es que los crecientes (en número e intensidad) brotes de «PODEMOSFOBIA», no parecen haber logrado su objetivo y la nueva formación política podría ir camino de convertirse en la más votada en unas próximas elecciones generales. Sinceramente espero, y aquí viene bien poner las cartas sobre la mesa, que, por el bien de todos, así sea. No sé si PODEMOS es o no la solución a nuestros problemas. Pero tengo la convicción profunda de que aquello que hasta ahora tenemos no lo es.